¿Cómo es el sueño normal?

“El sueño alimenta cuando no se tiene qué comer”

Menandro (342 a.C.-292 a.C.) Comediógrafo griego

Si queremos poder tratar lo patológico primero tenemos que saber reconocer lo que es normal, conociendo la estructura del sueño normal y las variaciones que se pueden producir en función de la edad. Lo voy a intentar explicar de la forma más sencilla posible.

¿Cómo se estructura el sueño?

El sueño va cambiando con la edad, y no es lo mismo el sueño de un recién nacido que el sueño de un niño mayor, de un adulto o de un anciano. En el recién nacido hay 2 tipos de sueño, tranquilo y activo, que se van alternando cada 1,5 horas aproximadamente. Con el tiempo esos periodos van cambiando su distribución, y se van transformando en lo que posteriormente serán el sueño No-REM (NREM) y el sueño REM.

El sueño NREM se divide en 3 fases, y va del más superficial (N1) al más profundo (N3). Es más frecuente en la primera mitad de la noche y se relaciona con procesos de homeostasis corporal. Se cree que es fundamental para el descanso físico.

El sueño REM, que se caracteriza por los movimientos rápidos de los ojos, es más frecuente en la segunda mitad de la noche. Es la fase durante la que soñamos, y mucho más frecuente en la infancia. Se relaciona con la consolidación de los aprendizajes y recuerdos.

Las fases de sueño se van alternando cíclicamente, y los ciclos son más cortos en los niños que en los adultos. Un ciclo de sueño en un lactante dura 45-50 minutos, y en un adulto 90-100 minutos. Esto lo vemos representado en los hipnogramas.

Las necesidades de sueño van cambiando con la edad, desde las 16h que necesita un neonato hasta las 11h a los 3-5 años, 10h a los 9-10a o 7,5-8h del adulto. Sin embargo hay mucha variabilidad entre las necesidades de unos y otros niños a la misma edad.

También cambia la distribución del sueño. El recién nacido duerme a lo largo de todo el día. Poco a poco se va consolidando el sueño nocturno, y a los 8 meses lo normal es necesitar 2 siestas, una a los 18-24 meses, y a los 4-6 años desaparecen las siestas. Por tanto, un niño mayor que se siga durmiendo siestas probablemente lo haga porque duerme mal por la noche.

Los despertares nocturnos son normales, ya que hasta el 20% de los niños a los 2 años se despierta al menos una vez, y el 14% a los 3 años. Eso no significa que tengan un trastorno. Dependerá del tiempo que pase despierto y de la dificultad que tengan para volver a dormirse, por eso unos adecuados hábitos de sueño son fundamentales para aprender a conciliar el sueño adecuadamente, tanto al acostarse como en los despertares nocturnos.

¿Qué son los ritmos circadianos?

Un concepto importante es el del ritmo circadiano. Tanto el ritmo sueño-vigilia como muchas funciones fisiológicas siguen un patrón alternante que se repite cíclicamente. Cuando el ciclo dura 24h se denomina ritmo circadiano.

Este ritmo circadiano está controlado por un reloj interno principal situado en el núcleo supraquiasmático (NSQ) y otros relojes periféricos situados en diversos órganos, como el hígado, corazón, páncreas, etc. Los relojes internos se deben sincronizar con el ambiente siendo el principal sincronizador es la luz ambiental a través de conexiones entre la retina y el NSQ, pero también la alimentación, ejercicio, relaciones sociales…

Del NSQ salen conexiones hacia la glándula pineal, que es la responsable de fabricar melatonina, y que junto a otras variables como el control de temperatura, el cortisol o el Sistema Nervioso Autónomo va a controlar los osciladores periféricos.

Este esquema de Madrid-Navarro y cols. (2015) y sacado de una monografía de Neurología Clínica lo simplifica muy bien:

Cuando el ritmo fisiológico no está sincronizado con el ambiente se produce una cronodisrupción. El trastorno más frecuente es el Retraso de Fase del Sueño, muy frecuente en los adolescentes, pero también puede haber un adelanto de fase o un sueño irregular. La cronodisrupción puede tener unos efectos muy negativos tanto a nivel psicológico como fisiológico, y se cree que está asociado al envejecimiento prematuro.

Con esto creo que tenemos una base suficiente para poder empezar a enfrentarnos a los problemas que puedan surgir durante el sueño. Lo primero será hacer una buena historia para identificar los problemas, y luego plantearnos su abordaje. Para eso os invito a seguir leyéndome en las próximas entradas del blog.

¡Felices sueños!

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