Hace poco me ha llegado esta parábola que me gustaría compartir, porque me ha parecido muy ilustrativa de los tiempos que estamos viviendo:
El bosque está en llamas y mientras todos los animales huyen para salvar su vida, un colibrí recoge una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego.
+ ¿es que acaso crees que con ese pico tan pequeño vas a apagar el incendio? – le pregunta otro animal.
+ Ya sé que no puedo solo -responde el colibrí-, pero yo estoy haciendo mi parte.
En momentos difíciles como este hay que pensar que todos tenemos algo que aportar. Si todos ayudamos en la parte que nos corresponde, saldremos adelante, porque ninguna ayuda es pequeña si se suma a todas las demás.
Una de las cosas que más puede asustar a un padre/madre es ver convulsionar a su hijo. La primera vez que ocurre es una experiencia traumática en la que la mayoría de personas se bloquean y no saben qué hacer. Es importante conocer unas pautas básicas de actuación para que si esto ocurre sepamos cómo actuar. Por muy nerviosos que estemos, si tenemos claro cómo actuar todo saldrá bien. También es importante saber cómo actuar ante una descompensación de las crisis o un cambio en su manifestación en un paciente con epilepsia. Vamos verlo:
¿Qué es la epilepsia?
La epilepsia es una enfermedad producida por una descarga brusca de actividad eléctrica de las neuronas, que son las células del cerebro. Según la zona del cerebro que se altere así serán las crisis. En algunas de las crisis no se pierde la conciencia del todo, en otras no se produce ninguna actividad motora. No todas las crisis epilépticas son iguales y no todas tienen la misma gravedad. A veces es difícil identificarlas, pero para eso pueden ser útiles los vídeos caseros.
¿Todas las crisis epilépticas son iguales?
No. Las crisis que más fácilmente reconocemos son las crisis convulsivas, porque se acompaña de una intensa actividad muscular, pero hay otras crisis en las que únicamente se pierde la conciencia sin existir actividad motora (Crisis no convulsivas). Estas últimas pueden ser más difíciles de identificar si no se conocen. En el siguiente enlace podéis ver una crisis de ausencia: https://www.youtube.com/watch?v=Lvm75Bo92WQ
¿Qué hay que hacer ante una crisis epiléptica?
Los pasos a seguir ante una crisis epiléptica son los siguientes:
Mantener la calma.
Apartar todos los objetos que le puedan dañar. Aflojar la ropa y retira todos los accesorios que le impidan respirar (bufandas, bolsos, mochila…).
Tumbarle de lado (mejor sobre el lado izquierdo).
Colocar si es preciso algo debajo de la cabeza.
NUNCA se debe meter nada en la boca.
Controlar el tiempo.
Pedir ayuda.
Cuando el paciente es epiléptico puede tener prescrita alguna medicación para cortar la crisis (Diazepam rectal o Midazolam bucal). Estas medicaciones se podrán administrar si tras 2-3 minutos no ha cedido la crisis.
Y si mi hijo es epiléptico ¿Cuando debo consultar con mi neuropediatra?
Cuando un niño es diagnosticado de epilepsia se le suele pautar una medicación para controlar las crisis. Sin embargo, a veces hay que hacer ajustes de la medicación o añadir nuevos fármacos cuando la evolución no es buena. Aunque es importante reconocer cuándo hay que contactar con el neuropediatra también hay que saber qué cosas pueden descompensar una epilepsia para tratar de prevenir o corregir estos desencadenantes.
Los principales desencadenantes de crisis son la falta de sueño y en adolescentes y adultos el alcohol.
Las infecciones también pueden desencadenar crisis, especialmente cuando la dosis de medicación es baja.
Suele ser preciso ajustar la dosis cuando hay cambios importantes de peso. Esto es frecuente en el comienzo de la pubertad, cuando los niños inician el desarrollo puberal.
Ante una descompensación de una epilepsia que estaba controlada es fundamental asegurarnos de que se está administrando y tomando correctamente el tratamiento.
Una vez conocidos los desencadenantes, es importante contactar con el neuropediatra en los siguientes casos:
Aparición de crisis repetidas en un paciente controlado.
Persistencia de crisis una vez iniciado el tratamiento.
Cambio en la forma de presentación de las crisis.
Aparición de crisis durante la retirada de una medicación. En estos casos se recomienda volver a la dosis anterior hasta que se pueda contactar con su médico.
Aparición de efectos secundarios durante la introducción de una medicación, especialmente lesiones en la piel.
Como resumen, es importante saber identificar las crisis y actuar ante ellas, y contactar con el neuropediatra en caso de dudas sobre la evolución o sobre el tratamiento. En muchos casos se podrán resolver las dudas por teléfono sin necesidad de acudir al hospital.
El material gráfico de este post ha sido obtenido de la web http://www.vivirconepilepsia.es y los videos realizados por la asociación Purple Day (www.purpledayspain.org).
El dolor de cabeza es un motivo de consulta muy frecuente en las consultas de neuropediatría. Genera mucha preocupación a los padres, pero la mayoría de las veces se asocian a cuadros leves que no revisten gravedad. Lo más importante es que sepamos distinguir los signos de alarma, que nos alertan de que puede existir una patología grave.
¿Qué cosas nos tranquilizan?
Antes de hablar de signos de alarma prefiero hablar de signos tranquilizadores de los dolores de cabeza:
Dolor de larga evolución: Un dolor que aparece desde hace mucho tiempo no suele ser nada grave. Nos preocupan los dolores de aparición reciente en niños a los que nunca les ha dolido la cabeza
Un dolor asociado siempre a cuadros infecciosos: La principal causa de dolor de cabeza en los niños son las infecciones, especialmente catarros de vías altas, pero también la faringoamigalitis aguda, los síndromes gripales, las sinusitis, etc.
Un dolor de predominio vespertino, al final del día, y que aparece casi exclusivamente los días de diario.
Los antecedentes familiares de migraña: Hasta el 80% de los niños con migraña tiene algún progenitor con migraña.
El dolor que no interrumpe las actividades diarias
¿Y qué cosas nos preocupan?
Las cosas que nos preocupan son los llamados «Signos de Alarma«:
Dolor en menores de 5 años.
Dolor de reciente comienzo y progresivo.
Predominio en la parte posterior de la cabeza (región occipital).
Acompañado de otros signos neurológicos persistentes: Inestabilidad, alteración de la visión temblor… Si aparecen sólo al inicio del dolor pueden ser auras migrañosas.
Aparición muy brusca.
Cefalea que despierta por la noche.
Cefalea subaguda acompañada de alteración de conducta o pérdida de peso.
Cefalea que empeora significativamente con maniobras de valsalva: Toser, saltar…
Entonces ¿Qué debemos hacer si a nuestro hijo le duele la cabeza?
Como siempre, lo primero son las medidas de prevención:
Evitar el uso de pantallas.
Mantener una buena higiene del sueño.
Realizar actividad física: Ya sé que en la época en la que estamos parece algo difícil de hacer pero ¿habéis probado a bailar un rato todos los días? Estar en casa no significa necesariamente estar sentados. Seguro se os ocurren más ejercicios para hacer en casa.
Programar descansos del estudio.
Y si a pesar de todo aparece el dolor:
Siempre hay que procurar reposar en un lugar tranquilo y aislado de la luz y los ruidos. Sobre todo hay que apagar las pantallas, ya que de nada sirve reposar mientras se ve el móvil o la tablet.
Si el dolor es leve y parece tensional (Como presión, continuo, sin afectación del estado general) es preferible no tomar medicación para evitar la cefalea por abuso de analgésicos.
Si el dolor es de características migrañosas (como golpes, muy intenso, acompañado de malestar, náuseas, con molestias por la luz y/o los ruidos…) es recomendable tomar analgésico lo antes posible. En estos casos el ibuprofeno parece más eficaz que el paracetamol.
Si el dolor no cede a pesar del tratamiento, afectando significativamente al estado general, o presenta síntomas de alarma, es recomendable acudir al médico para que valore al niño.
Resumiendo…
Los dolores de cabeza son frecuentes en los niños. Suelen ser debidos a patologías leves, por lo que si no presenta signos de alarma se pueden manejar adecuadamente en el domicilio. Si existen dudas es necesario necesario realizar una exploración neurológica completa incluyendo el fondo de ojo, por lo que en estos casos sería aconsejable consultar con el pediatra.
El médico no es otra cosa que un portador de consuelo al ánimo
Petronio-Arbitro (14-65)
En los últimos días ha cambiado el concepto que tenemos de la medicina. Hemos tenido que aprender a diferenciar lo urgente de lo importante, insistiendo repetidamente a la población en el correcto uso de las Urgencias, tanto pediátricas como de adultos. Además, se han retrasado consultas que no son consideradas urgentes, demorando la resolución de problemas que pueden generar una gran inquietud a nuestros pacientes y a sus familias. La respuesta de la mayor parte de nuestros pacientes ha sido fabulosa,
Por todo lo anterior mis primeros posts van a ser una guía breve sobre las principales patologías neuropediátricas incidiendo especialmente en el manejo domiciliario y la identificación tanto de signos de alarma como de cualquier otro dato que pueda requerir atención médica. Una de estas patologías que suele generar una gran inquietud tanto en el paciente como en sus familiares es la cefalea. En sucesivos posts hablaré también sobre el TDAH, la epilepsia, retraso psicomotor… Se aceptan sugerencias
Empiezo este blog en un contexto muy particular porque estamos en un Estado de Alarma por el coronavirus. En los últimos días hemos aprendido mucho sobre epidemiología, virología y medidas de aislamiento, hemos leído y escuchado opiniones discordantes sobre lo que hay que hacer, sobre como parar el virus, e incluso se han difundido decenas de actividades para hacer con nuestros hijos. Pero lo que nadie nos ha explicado es como manejar la incertidumbre. Esa incertidumbre de no saber hasta cuando vamos a tener que estar aislados en nuestras casas, qué nos deparará el día siguiente a nivel laboral, o mucho peor, si alguien cercano a nosotros va a enfermar gravemente por el maldito coronavirus.
Además, muchos de nuestros pacientes viven esta situación con auténtico pánico porque su situación física o la de sus familiares es más delicada o porque tienen más dificultades para mantenerse encerrados en sus casas, como es el caso de los pacientes con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Muchas personas están haciendo un gran sacrificio para tratar de controlar esta epidemia, y no me refiero solo a personal sanitario, sino también a administrativos, personal de limpieza, trabajadores de los servicios básicos como supermercados, farmacias, cuerpos de seguridad y un largo etcétera de trabajadores. Y otros muchos, además de realizar sacrificios están sufriendo las consecuencias del confinamiento: Unos han perdido sus puestos de trabajo, otros no van a poder generar ingresos para hacer frente a la crisis que se nos avecina, otros más dedican su tiempo y arriesgan su salud para poder cuidar de los niños o de familiares con la infección.
A todos estos héroes cotidianos, tanto los visibles como los anónimos, les quiero dedicar la primera entrada de mi blog. Para no olvidar que hay gente buena, y que en los peores momentos es cuando se ve lo mejor de las personas.